04 Enrique | Mascullar

En el velorio hubo poca gente… Uno que otro ex compañero de trabajo hacía una breve visita, y todos en desfile después de ver la caja pasaban a su lado a darle el pésame. Todos solían concordar, como se hace en todos los velorios, en que el muchacho era un pan de Dios.

El lugar olía a alfombra enmohecida café rechinado, y flores frías… Y se sentía, cuando estaba uno cerca del féretro, ese frío horrible que algunos logramos percibir en los ataúdes. Hay ratos en los que el subsconsciente nos hace sentir de una forma fuerte que es una estupidéz todo este ritual. Tener a alguien que ya no es quien creíamos que es, en una caja de peluche barato, con un poco de gente que ni era tan cercana, que masculla el concepto de la muerte cada quien con su propio criterio, y todos disfuncionales.

Doña Georgina estaba sentada a la par, cual fiel rezadora, con dos propósitos: uno era enterarse de cualquier pormenor que algotro doliente revelara, y el otro era, por supuesto, no solo hacer lo mismo escuchando a doña Ofelia, sino dar su propio punto de vista…

- Vieras que Enrique era buen muchacho. Decía buenos días cuando salía para el trabajo, y a mí nunca me faltó el respeto. No era como esos muchachos que uno ve que pasan irrespetando a los mayores y gritándole vulgaridades a las muchachas cuando pasan. Y bueno, pero es que también ellas se lo buscan. No ve que culifaldas se ponen?
- Hablando con Gerson, me cuenta que venía actuándo raro últimamente… es cierto? usted notó algo doña Georgina?
- Diay doña Ofelia, que decir? El era buen muchacho pero francamente era bastante raro. Lo que uno dice hermitaño. Yo notaba que el llegaba muy tarde. A veces me parecía que seguro peleaba mucho por que de vez en cuando le veía la cara inflamada. Yo le preguntaba, por cuestión de caridad cristiana que qué tenía, pero usted sabe como son los muchachos ahora. Se me quedaba viendo como diciendo ‘a usted que le importa vieja vina’. Entonces yo mejor -
y hacía un gesto como de cerrar un zipper sobre sus labios-…
- Nunca le contestó nada cuando le preguntaba?
- Una líquida vez lo hizo, y me dijo que no se había estado sintiendo bien… Y diay doña Ofelia, como yo había notado que el era como muy fiesterillo, yo le dije que buscara a Dios, que se comportara con jundamento, que tuviera cuidado con las chiquillas, que mire, que el Sida y todo eso, uno no sabe… Pero fue después de eso que me comenzó a hacer ojillos. Y yo no me ofendo, pero si lo que gano con dar consejos es que me interpreten de chismosa, yo mire… -
y volvía a hacer el mismo gesto de cerrarse la boca con un zipper-.
- El tenía novia? Usted le conoció?
- Sinceramente, sería engañarla decirle que tenía… nunca lo ví con una muchacha… Yo siento que algo le dolió cuando yo le hablé así, por que cuando le hablé del Sida, el muchacho brincó… y diay una no sabe, alguien solo, y los tiempos como están, el a veces andaba con muchachos… y si se fija, solo hombres han venido a dar el pésame… ya notó?
Hay algo raro también.. pero eso mejor que se lo averigue su hermano… Vea doña Ofelia, yo fuí la que noté que el no había salido y fue entonces cuando toqué la puerta del cuartito donde el vivía. Cuando yo llegué, que bueno, usted sabe que yo le alquilaba el cuartito, así que yo tenía llaves, cuando entré yo ví un montón de pastillas ahí tiradas… no se me ofenda, pero yo pienso doña Ofelia, que su hijo había caído en las drogas… diay, tanta soledad, cualquiera hace loco…
- Tanta soledad…

Al decir eso meditabunda, doña Ofelia rompió a llorar… tal vez pudo tener una faceta más cercana de lo que vivía su hijo… y se sintió culpable. Ni lo que le dijo la tal hermana ni lo que hizo su hijo había logrado aparentemente tener éxito en que alguno de los dos mejorara su fe… De hecho se preguntaba que pasaba y dónde estaba Dios en todo esto…

Mientras se compungía contra su pañuelo y doña Georgina le daba palmaditas y diciendo como mantra ‘resignación doña Ofelia’, Dios sabe por qué hace todo, llegó una persona más y tomó su mano llorando, para darle las condolencias.
Doña Ofelia las aceptó, y no pudo evitar el shock de saber quién se le revelaba, por que le desmitificaba de un par de cosas más, que le tenían confundida y tal vez le hacían sentir culpable. La persona dijo:
-Me llamo Bernardita, yo era la novia de su hijo…

Continuará…

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